Mi madre suele recordarme que siempre volvía feliz de los campamentos de verano en la montaña.
Me fascinaban los minerales y decidí estudiar geología a la vez que me formaba en alpinismo.
En la universidad conocí el mundo del yoga pero no fue hasta pasados unos años cuando tuve mi despertar profundo. A los 30 llegó una crisis laboral y decidí aprovechar la oportunidad para
cumplir el sueño de todo montañero: pisar los Himalayas. Viajé solo durante dos meses y medio y aquel viaje marcó un antes y un después en mi vida.











Al volver dejé el mundo científico y empecé mi camino como fotógrafo de paisaje que duró 11 años. Durante esos años me atreví a llevar al mundo una parte menos condicionada de mí mismo: más sensible y más honesta.






Pero incluso cuando trabajaba, subía cimas o fotografiaba localizaciones, siempre me sentí lejos de quienes veían la naturaleza como algo que explotar desde la geología, coleccionar desde la fotografía o conquistar desde el deporte. Por eso caminé mucho tiempo solo.








Mientras tanto estudié mindfulness, masaje, hinduismo, budismo, tantra y espiritualidad laica. Fui a retiros, recibí iniciaciones, completé maestrías, medité y atravesé numerosos procesos personales.
Dos opuestos actuaban en mí, la maduración interna de un propósito mayor y la urgencia externa de tenerlo todo resuelto.
Empujado por la presión externa de tener que hacer e incapaz de sostener por mis propios medios el proceso de gestación, me lancé a un largo proceso de prueba y error.






En mi vida he buscado la esencia de la naturaleza desde el mundo científico, artístico y deportivo pero solo en la experiencia directa he encontrado su verdadera presencia y acompañamiento.
Fruto de todas estas vivencias nace In the Field, una experiencia que reconoce la naturaleza como la experiencia más cercana y tangible al amor incondicional que podemos vivir en la Tierra.
¿La ventaja? que está al alcance de todos